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La productividad laboral de una persona es su capacidad para producir valor en su puesto de empleo de forma eficaz y eficiente. Ese valor puede ser cualquier tipo de trabajo, desde la cumplimentación de una hoja de cálculo para fines contables hasta la generación de ideas creativas para la innovación de la empresa.
Obviamente, toda empresa desea contar con empleados productivos. Ahora bien, ¿sabes de qué forma aumentar la productividad laboral de tus empleados de forma que sean ellos mismos quienes la alimenten con el paso del tiempo?
En este post te ayudamos a responder a esta pregunta a partir de otras tres: ¿por qué?, ¿para qué? y ¿cómo?
Cuando nos preguntamos el porqué de algo, estamos buscando su motivo. ¿Por qué un trabajador está realizando su trabajo?, o lo que es lo mismo, ¿qué motivo tiene para hacerlo?
Ese motivo puede ser desde el miedo al despido hasta el sueldo que gana a fin de mes o, en los mejores casos, la satisfacción por realizar un trabajo bien hecho. Y la productividad laboral está directamente relacionada con ello:
En el caso de castigos o recompensas, como ocurre con la posibilidad de despido y con el sueldo, el trabajador encuentra su motivo, su porqué, en algo externo a él. La productividad laboral en estos casos puede ser buena o mala, pero rara vez es mejor que cuando el motivo proviene del propio trabajador. Ejemplos de esto los encontramos en personas a las que les apasiona su trabajo o en las personas que tienen un objetivo, es decir, un para qué.Y esto es precisamente lo que vamos a ver con la segunda pregunta de la productividad laboral.
Si nuestros trabajadores tienen un motivo, un porqué que nace de ellos, el para qué también suele estar claro: es la propia satisfacción del trabajo. Sin embargo, ¿qué podemos hacer con aquellos empleados que no tienen una buena productividad laboral debido a que realizan su trabajo para conseguir o para evitar una recompensa o un castigo?
En esos casos, debemos ser conscientes de que esto está ocurriendo y hablar con ellos para proporcionarles un para qué, es decir, una finalidad. Por ejemplo, ¿para qué se hacen los informes? Una respuesta válida puede ser “para trabajar de forma más colaborativa al registrar la actividad acerca de un proyecto y que así en el futuro no haya errores ni malentendidos que puedan provocar retrasos o disputas en la empresa”. Cualquier persona querría evitar los retrasos y las disputas, ¿verdad? Es por esa razón que, al encontrar un para qué, aumentará la productividad laboral de los empleados.
Sin embargo, hay una tercera pregunta sin la cual el porqué y el para qué podrían venirse abajo.
Si una persona tiene claro su porqué y tiene claro para qué está haciendo algo, su productividad laboral aumentará… siempre y cuando sepa cómo realizar el trabajo. Hay un número increíble de personas cuya productividad laboral es escasa debido a que no tienen claro cómo realizar su trabajo de forma eficaz y eficiente.
En este punto podemos mencionar la gestión del tiempo, el conocimiento de la filosofía empresarial, la destreza en los programas informáticos que utiliza la empresa…, es decir, una serie de conocimientos y habilidades que, de no saberse, reducen la productividad laboral. No es raro el caso de empleados que invierten horas en realizar un trabajo de quince minutos porque no conocen los comandos de un software.
Para proporcionarles a nuestros trabajadores un cómo, la clave está en la formación. Es vital para la empresa facilitar a todos sus empleados una formación, sea interna o externa, acerca de todo aquello que requiera su actividad profesional. Aunque por supuesto, siempre hay aspectos que toda persona, independientemente del trabajo que realice en la empresa, debe conocer, como por ejemplo la ya mencionada gestión del tiempo.
De esta forma y a modo de resumen, debemos conocer el porqué de cada empleado para proporcionarle un para qué en caso de ser necesario y, en cualquiera de los casos, facilitarles un cómo a través de la formación adecuada.
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